Judas Arrieta y la conexión oriental
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Pintura y vídeo. Judas Arrieta. Relax.
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Galería Javier Marín. Málaga. C/ Duquesa de Parcent, 12. Hasta el 17 de marzo de 2007.
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Desde aquella
lejana pieza hecha por Kurt Schwitters en 1947, un precioso collage titulado
For Käte en donde por vez primera se incluía un motivo extraído directamente
de una historieta, este género ha influido en mayor o menor grado, pero siempre
de modo casi
constante,
en los lenguajes artísticos contemporáneos, especialmente en el pop. Entre los
artistas españoles surgidos en las últimas temporadas con una más creciente
proyección, Judas Arrieta (Hondarribia, Guipúzcoa, 1971) es de lo más influidos
por el cómic, en su caso en la versión «manga» japonesa, aunque su obra muestra
en general una honda huella extremo oriental, pues a la incorporación de las
populares historietas niponas hay que añadir la presencia de la más variada
iconografía china y coreana. Dragones, personajes, objetos, héroes del cómic
pululan por su multidisciplinar obra, en la que uno de sus mayores aciertos, y
sin duda de intensos efectos estéticos, es emplear como fondo de sus
composiciones diseños de telas estampadas con motivos vegetales o de otro tipo,
de tal manera que las obras suelen mantener un diálogo fondo-forma que estimula
y reaviva sus propiedades plásticas, lúdicas y cromáticas. Esto es
particularmente evidente en las técnicas mixtas realizadas entre 1997 y 1998,
que han vuelto a ser retomadas con toda su suntuosidad en los trabajos de hacia
2005, trabajos cuyo efecto general es el de inextricables palimpsestos,
manuscritos sobre los que se superponen capas de imágenes difícilmente
descifrables.
La cultura visual de Arrieta es determinante en su obra. Pertenece a una generación que, como él mismo reconoce, ha pasado muchas horas delante del televisor. Tampoco la pintura tiene para él una connotación social o crítica; de hecho no tiene por qué modificar o intentar cambiar el estado de cosas existente. Pero, simultáneamente, también afirma que hay que «pintar por encima de todo y contra todo». En rigor, su obra ofrece una original combinación entre gestualidad expresiva e imágenes procedentes de otros lugares, entre automatismo inconsciente y formas elaboradas que él se apropia, reconvirtiéndolas, dotándolas de otros significados. No se trata de un arte de propaganda, nada tiene que ver con ese «Prop art» que se desarrolló en China durante la siniestra y criminal Revolución Cultural, aunque use símbolos de aquella época espantosa. Quizás predomine sólo lo puramente esteticista en su producción, presidido por un color excitante. Su obra es la demostración palpable de que vivimos inmersos en una vorágine de imágenes, que ni siquiera podemos diferenciar bien unas de otras.
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© Enrique Castaños Alés
Publicado originalmente en el diario Sur de Málaga el 2 de marzo de 2007
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