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La impresión visiva de Alex Katz
Pintura. Alex Katz.
Centro de Arte Contemporáneo. Málaga. C/ Alemania, s/n. Hasta el 12 de junio de 2005.
La aparición de
Alex Katz (Nueva York, 1927) en la escena artística estadounidense a finales de
los cincuenta se produce justo en el preciso instante en que el expresionismo
abstracto ha agotado prácticamente sus posibilidades y en el que el pop empieza
a presentarse como una alternativa irónica, más atenta a la realidad y menos
solemne que la pintura de los representantes de la Escuela de Nueva York. Es
esta situación a medio camino entre la
En lo que se refiere al superrealismo, es la obra de Pearlstein, más que la de Katz, la que remite lingüísticamente a la tradición renacentista de la pintura de caballete y reinstaura los valores de la pintura académica, pues el pintor de Brooklyn prefiere, por un lado, los grandes formatos, una herencia sin duda de Jackson Pollock y los abstracto-expresionistas, aunque también un indicio claro de su admiración por el cine y la influencia ejercida en él por la gran pantalla, y, de otro lado, aunque emplea códigos fuertes de imágenes icónicas, fácilmente reconocibles por el espectador, como paisajes y figuras, prefiere dejar en el lienzo la impresión visual instantánea que un eventual visitante tendría después de echar una ojeada a una habitación, es decir, la plasmación de la idea general y no de los detalles del objeto. Es evidente que el concepto de «realismo» de Katz no sólo es muy personal, sino que trasluce la variabilidad misma del concepto a lo largo del tiempo. La mirada de Katz, influida por las artes gráficas, la publicidad y el cine, elabora imágenes que, como dijo hace varios años el filósofo Arthur Coleman Danto, son «imágenes sin predicado», esto es, imágenes que no «representan» nada, sino que se «presentan» en su pura inmanencia, «superficiales», impersonales. El propio Katz, en su afán por distanciarse del pop, ha repetido en más de una ocasión que mientras que el arte de la imagen popular se mueve a través de signos, él lo hace con símbolos. Está claro que los objetos de consumo frecuentes en la pintura pop no aparecen en la suya, pero lo que más lo distancia de aquella es el encuadre de sus imágenes, el acotamiento del campo visual, dependiente del lenguaje cinematográfico. Hay dos obras en esta exposición de obra reciente que lo muestra de modo concluyente. Una es Yvonne and Leo, de 2004, y la otra Couple Talking, de 2003. Tanto en una como en otra se produce una interrupción abrupta del plano, quedando cortada parte de la figura o casi toda ella, especialmente en la segunda de las piezas citadas, en la que no sólo vemos únicamente la parte posterior de la cabeza de un personaje, sino que toda la escena ha sido desplazada a una esquina del lienzo, como si se tratase de una panorámica o de un barrido de cámara que está teniendo lugar y dentro de un instante pudiéramos ver la escena completa. La pintura de Katz, por último, y esto se aprecia muy claramente en la muestra de Málaga, es muy luminosa, con un tratamiento del color que recordaría el de la pintura hard-edge (contorno neto), sin que por eso sus formas tengan nada que ver con esta subtendencia. Es esa luz difusa que desea transmitirnos el efecto óptico de aquella impresión de las formas en la retina. Pero detrás de su aparente banalidad, hay una mirada reflexiva, una postura intelectual y crítica, una elegante y sutil plasmación del mundo interior del sujeto.
© Enrique Castaños Publicado originalmente en el diario Sur de Málaga el 18 de marzo de 2005
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